Supuestos para la interrupción del embarazo. En estos y otros temas, consulten a la comunidad científica especializada.

viernes, 17 de mayo de 2013


Las decisiones, en cualquier caso, deben ser adoptadas después de un concienzudo análisis y de haber recabado consejos por parte de las personas más cualificadas en los distintos temas. De este modo se evitarían medidas ejecutivas o directrices legislativas erróneamente adoptadas por manifiesta incompetencia, lo que es especialmente grave cuando su aplicación puede producir efectos irreversibles ("ética del tiempo").

A este respecto, he recordado con frecuencia el día en que, a finales del año 1981, la Academia Pontificia, donde se me invitaba a menudo en relación a la prevención de la subnormalidad infantil, el Papa Juan Pablo II pidió disculpas por haber condenado a Galileo Galilei en cuestiones, como la astronomía, en las que "La Iglesia no es competente. Cada uno a lo suyo. El Profesor Ochoa que, junto a otros premios Nobel, se hallaba presente en el acto, manifestó su gran satisfacción por la declaración del Papa.

Pues eso: cada uno a los suyo. He escrito en varias ocasiones que cuando he visto a los parlamentarios -en el Europarlamento, en España- debatir yvotar sobre temas como el cambio climático, las células madre, las vacas locas”, la capa de ozono, la energía nuclear... he pensado que era indebido y peligroso, porque había una notoria carencia conceptual y eran criterios económicos los que normalmente prevalecían.

Los científicos deben hallarse siempre dispuestos a expresar su consejo para hacer frente a un desafío... y, sobre todo, para prevenirlo. Asesores y vigías. Junto al poder. Nunca subordinados a él.  

Lo mismo pienso ahora debido a mi larga trayectoria bioquímica, sobre el tema del "supuesto de malformación fetal" para la interrupción voluntariadel embarazo. El derecho humano a la vida digna es el derecho supremo. Y no evitar el sufrimiento que comporta una existencia que no reúne los mínimos requisitos biológicos es propio de la obcecación y de una interpretación temerosa y obtusa de la religión.

Cuando se indica que "hay que proteger a los vulnerables", estamos todos de acuerdo. Pero en este caso son ya "vulnerados" y, además, de forma irreversible.

La impresión que me produjo visitar en 1956 una institución madrileña donde se atendía a niños afectos de profundas y permanentes alteraciones mentales y físicas fue tal que pensé especializarme en la patología molecular perinatal, para poder así evitar enfermedades genéticas o adquiridas que cursan con gran deterioro neuronal. Y puse en marcha elCIAMYC (Centro de Investigaciones de Alteraciones Moleculares y Cromosómicas) en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Granada en 1967, donde se originó el Plan Nacional de la Subnormalidad Infantil que, con la colaboración de neonatólogos y pediatras, ha permitido evitar enfermedades metabólicas de manifestación pos-natal a muchos miles de personas desde entonces.

La Dra. Magdalena Ugarte inició en este contexto las pruebas de diagnóstico precoz y hoy sigue dirigiendo, en la Universidad Autónoma de Madrid, el CEDEMC (Centro de Diagnóstico de Enfermedades Moleculares)

Por otro lado, la Dra. Martínez Frías se hizo cargo de las dismorfologías, dirigiendo el ECEMC (Estudio Colaborativo Español de Malformaciones Congénitas) y el CIAC (Centro de Investigaciones de Anomalías Congénitas), del Instituto de Salud Carlos III.

Como ve, Sr. Ministro, hay profesionales de primera clase que podrían aconsejarle debidamente.

Consulten, déjense asesorar en temas en los que debe prevalecer el rigor científico. Y, sobre todo, no pretendan obligar a nadie a que se comporte en cuestiones tan esenciales en virtud de criterios deformados por el partidismo, el miedo o el dogmatismo.

Por el bien de todos, déjense ilustrar en materias en las que, lógicamente, carecen de formación.

Federico Mayor Zaragoza
17 de mayo de 2013

Clonación humana reproductiva, no. Clonación humana terapéutica, sí.


Lga clonación humana reproductiva está prohibida explícitamente en el artículo undécimo de la Declaración Universal sobre el Genoma Humano (aprobada unánimemente por la Conferencia General de la UNESCO en 1997 y por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1998).

La clonación humana terapéutica no presenta objeción ética alguna. Forma parte de las aplicaciones de las células troncales, que pueden permitir subsanar deficiencias muy graves propias de la patología molecular.

Fue en el año 1992, cuando Craig Venter me comunicó que pronto seríarealidad el desciframiento del código genético humano, que propuse, en colaboración con la HUGO  (Human Genome Organization), siendo Director General de la UNESCO y con la colaboración del Comité Internacional de Bioética, la redacción de esta Declaración, que tuvo lugarbajo la excelente dirección de la jurista francesa Noëlle Lenoir.

El conocimiento es siempre positivo. Sus aplicaciones pueden no serlo. Incluso pueden ser perversas. No todo lo factible es éticamente admisible.

“La ciencia es para paliar o evitar el sufrimiento humano”, dijo el Prof. Hans Krebs. Sigamos su consejo, con rigor científico. Aquí no caben interpretaciones basadas en ideologías o creencias.

Las pautas  de actuación en estos temas deben ser el resultado de Consejos de bioética y ética de la ciencia en general. La posibilidad de producir seres humanos “de diseño” –que era el sueño de Hitler y del doctor Mengele- ya quedó, reitero que de forma unánime, descartadaDerecho humano supremo a una vida digna. La igual dignidad es la piedra angular de todos los derechos. Éste debe ser el punto exclusivo de referencia en estos temas.

Objeción de conciencia

miércoles, 15 de mayo de 2013

Insisto: en las cuestiones supra-partido político la legislación debe ser fruto de una amplísima consulta, buscando siempre, en temas esenciales, el acuerdo popular. Porque en ésto consiste la democracia. 

Por el bien de todos, es necesario procurar más y mejor democracia a todas las escalas: personal, local, nacional, regional, mundial. De otro modo, las riendas del destino común seguirían en las manos de unos cuantos que, amparados en normas y pautas precariamente democráticas –como la mayoría parlamentaria absoluta- imponen su voluntad en materias en las que la obediencia ciudadana es éticamente inaceptable.

Como mínimo, en cuatro pilares del Estado –justicia, educación, ciencia y sanidad- no cabe invocar pretéritos triunfos electorales, porque los ciudadanos deben actuar, como lúcidamente establece la Constitución de la UNESCO, “libre y responsablemente”. 

Si se mutilan los servicios de salud, fundamentales para el derecho humano supremo a una vida digna; si se mercantilizan y alteran radicalmente –strictu sensu- las bases éticas sobre las que se asienta la educación (tan frecuentemente confundida con capacitación, incorporación de saberes y destrezas, etc.); si se vulneran las disposiciones de la Convención de los Derechos Humanos de la Infancia relativas a la enseñanza de ideologías y creencias hasta la edad de la emancipación, mediante una formación religiosa obligatoria en un Estado aconfesional; si se establece la segregación escolar o se discrimina de cualquier otra manera; si, en contra del rigor científico y del buen sentido, se obliga a una mujer gestante a dar nacimiento a un hijo que sabe será un ser severamente discapacitado y anómalo… ante estos abusos inadmisibles de las “leyes rodillo”, los ciudadanos que disientan de estas imposiciones no las cumplirán por “objeción de conciencia”.

El Presidente del Gobierno, D. Mariano Rajoy, sabe muy bien de qué se trata porque, con motivo de la asignatura “Educación para la Ciudadanía”, el 2 de septiembre de 2008, defendió abiertamente el “derecho a la objeción de conciencia”. “Es la posición de la inmensa mayoría de mi partido y de los Tribunales”, manifestó. La Conferencia Episcopal apoyó de inmediato, ¿cómo no?, las declaraciones del entonces líder de la oposición. 

Si “sacan” leyes en contra del resto del arco parlamentario en cuestiones clave para el presente y futuro de la Nación habrá un clamor popular, una “marea” de objetores. 

No lo hagan. Recapaciten. Escuchen la voz del pueblo.